miércoles, 13 de diciembre de 2017

sábado, 11 de noviembre de 2017

Por qué no me pongo vestido.

¿Quién no ha tenido la horripilante experiencia de sentir cómo se enrosca el panty en la cintura y se va deslizando hacia la cadera, al mismo tiempo que la entrepierna se va bajando hacia la rodilla?
Y suele pasar en el peor momento: vas andando toda mona por una concurrida calle, o estás atendiendo a un cliente, o te has agachado en el súper para coger algo del estante de abajo.
¿Y qué te queda? Pues buscar un sitio donde nadie te vea y remangar el vestido y todo lo demás. Eso con suerte. O puedes optar por la ordinariez (a veces no queda más remedio) que ante la mirada atónita y reprobatoria de los demás, tirar de las medias como puedas para no quedar allí mismo en peor situación.
Y después de poner toda tu ilusión en ese vestido, llegas a casa con los nervios de punta: le gritas a tu marido (que se queda con la boca en "o" de la sorpresa), ladra el perro, los niños lloran, el vecino golpea para protestar por el escándalo, la abuela se tiene que ir a descansar por el estrés sufrido...Y tú decides tirar, nuevamente, las dichosas medias a la basura. Porque ya has probado las de cintura alta, las de cintura baja, una talla más, otra talla menos, y allá va, al cubo de la basura por enésima vez, tu dinero, tu ilusión y tu paciencia. 
Por eso tengo que hablaros de las medias de la FELICIDAD: de fino algodón  (60%), por algún tipo de magia se quedan siempre en su sitio. No se escurren, no son totalmente opacas, por lo que sirven para vestir, no ocupan en la maleta, no se rompen con mirarlas .Te sentirás abrigada sin agobio. Puedes estar con ellas TODO EL DÍA, sin picores, sin arrugas... ¡Te olvidarás de que llevas medias!
Y llegarás a casa con una rara sensación de satisfacción. Y no te darás cuenta hasta que te saques la ropa, de que no le has gritado a tu marido (que, extrañado, se ha vuelto a quedar con la boca en "o"), que no ha ladrado el perro, los niños no lloran, la abuela quiere ver las medias maravillosas.  Y el vecino golpea, esta vez, para ver si estáis en casa, porque, en el fondo, se aburre.

¡Volverás a los vestidos!